Mujer

Ricardo Olea

Este actor de 28 años, egresado de la Universidad Católica, interpretó a 'Lalo' en El Reemplazante, la elogiada serie de TVN. Con este papel -un grafitero decepcionado de la vida- se reconcilió con la actuación y, de paso, se abrió a otras posibilidades: ser el rostro de la colección de ropa masculina del dúo de diseñadores chilenos Los Costume Design, de quienes luce este primer adelanto de la colección.

Foto: Marcela González

“Me fui del 7 al 18 de diciembre de 2012 a un retiro de Vipassana, una de las técnicas más antiguas de meditación de la India, en Putaendo, en el que no se podía hablar. A medida que pasaban los días fui conociendo a los demás por cómo se movían, por cómo miraban. Había que entender a las personas sin decir una palabra. Era gestualidad pura”.

“Estudié Teatro en la Universidad Católica. También di la prueba en la Universidad de Chile, pero me dijeron que no me podían admitir. Nací con una pierna enrollada hacia arriba, una enfermedad genética que se llama pie bot. Me operaron cuando chico y todo bien, pero siempre hay un problemita. Finalmente, lo agradezco: ‘lo que sucede, conviene’”.

“Tengo un rollo con la ropa, por eso acepté la invitación de Los Costume Design. Me gusta indagar en el porqué se usa una prenda y no otra, o darme cuenta de cómo los estados de ánimo influyen en lo que uno se pone. Siento que el vestirse está ligado al habitar, a ese día a día que cada uno tiene y que refleja la vida que llevamos”.

“Estar en El Reemplazante fue algo muy extraño; hacía cuatro años que no actuaba. Me había alejado porque estaba como desilusionado. Después comencé a hacer ejercicio y me fui como limpiando, hasta que un día me llamaron por teléfono para preguntarme si quería ir a un casting. Fui y quedé. Cuando cambias, las oportunidades también lo hacen”.

“Después de que se terminaron las grabaciones de El Reemplazante me fui a la selva con una mochila grandota, llena de ropa, que extravié en Lima. Mientras caminábamos con un calor de mierda, miraba a los demás chiquillos que iban apenas y pensaba ‘¡menos mal que se me perdió!’. Me sentía como un mono o como Mowgli: muy liviano, muy bacán”.

“Hice cuarto medio en Estados Unidos. Cuando volví y entré a la universidad me sentía incomprendido, quería que todos tuvieran mi mentalidad abierta. Pero el cerrado era yo. Uno cree que siendo rebelde es libre y se olvida que la libertad también es tener la capacidad de no ser tú mismo todo el rato, de saber aceptar la diferencia”.

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