Entre los cientos de millones de eventos que ocurrieron este año que termina, nacionales e internacionales, locales y globales, personales y públicos, los hay trágicos y los hay esperanzadores. De algunos de los trágicos tardaremos años en recuperarnos. Como el accidente aéreo en Juan Fernández o la caída de Grecia, cuyos efectos en la economía mundial han sido y seguirán siendo catastróficos por mucho tiempo.
Pero también los hubo esperanzadores. Como, por ejemplo, "La primavera árabe"; esos miles de hombres y mujeres que salieron a las calles para gritar sus ansias de cambio y desafiar a los poderes establecidos, y que en Libia condujo a la caída de Kadafi. También están el premio Cervantes otorgado a nuestro poeta Nicanor Parra y el posnatal de seis meses que las mujeres obtuvimos legalmente en nuestro país. La lista es larga, porque no termina en los eventos públicos, sino que continúa en la vida de cada uno. Aun cuando estoy segura de que muchos quienes lean esta columna habrán tenido un año difícil, estoy segura también de que si se detienen a pensar, y no por mucho rato, encontrarán cientos de eventos, instantes, emociones, etc., que podrán revivir con felicidad.
En un estudio hecho en una universidad de California se reclutaron tres grupos. Uno de ellos tenía que llevar un 'diario de gratitudes'; es decir, anotar al final del día todos aquellos eventos, por menores que fueran, ante los cuales tenían que estar agradecidos; el segundo grupo tenía que llevar un diario de 'dificultades' y el tercero tenía que anotar eventos neutrales.
Después de un tiempo descubrieron que las personas del primer grupo se habían vuelto menos propensas a las enfermedades, hacían ejercicio con más frecuencia, se sentían mejor con respecto a sus vidas y eran más optimistas con relación al futuro que las de los otros dos grupos. También descubrieron que los del primer grupo estaban más abiertos a ayudar a otras personas. Un segundo estudio mostró que este primer grupo mostraba además un nivel de lucidez mental y energía mayor que los otros dos.
El equipo de sicólogos y médicos que llevó a cabo esta experiencia llegó a la conclusión de que la gratitud, que ellos definen como un estado de asombro, agradecimiento y apreciación por la vida, es más que una emoción placentera o un sentimiento que las personas educadas expresan cuando alguien ha hecho algo bueno por ellos. Es, o puede llegar a ser, una disposición básica que podría hacer nuestras vidas más felices, más sanas, e incluso más largas.
Pienso que el fin de año podría ser una buena instancia para mirar hacia atrás los 365 días que nos preceden y revivir aquellos momentos que nos dieron satisfacción. Yo me siento incapaz de hacer esa listita al final del día que nos proponen los médicos californianos. Pero sí me imagino -en ese segundo antes de sucumbir al sueño- recordando aquel instante que durante el día, aunque sea por una fracción de segundo, me hizo feliz. Lo voy a intentar al menos.
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