Mujer

Catalina Rautenberg: Vestidos de artesana

INTENSA. Buena para reír a carcajadas y llorar sin freno, esta apasionada ex modelo argentina se encumbra cada vez más alto en el mundo de la moda luego de haber llegado al segundo lugar en el reality Project Runway Latinoamérica.

Si hay una artesana en este programa, ésa eres tú", le dijo Rebecca de Alba, presentadora del programa Project Runway Latinoamérica, a Catalina Rautenberg, un capítulo antes que la creadora argentina de 39 años y mirada penetrante supiera que obtendría el segundo lugar en este popular reality. Sus palabras fueron como seda para los oídos de la modista, porque si algo distingue el trabajo de Catalina es el énfasis que pone en el trabajo manual.

Tanto es así, que al preguntarle por su gran sueño como modista, no habla de presentar un desfile en la Semana de la Moda de París ni de ser dueña de una cadena de tiendas que lleve su nombre a los cinco continentes. No. Si pudiera, Catalina trabajaría sólo con novias, a las que define como su "mercado perfecto", porque son mujeres llenas de tiempo y de fantasías por cumplir. Mujeres dispuestas a tomarse un mate con ella en su taller y, quién sabe, hasta ponerse a bailar tango. Ellas la tienen con su agenda copada, justamente por esta hospitalidad suya y por su capacidad de ofrecer vestidos únicos, con texturas exquisitas, efectos degradé, tachas, piezas desestructuradas y un aire algo aguerrido, que es su sello.

"No tengo ahora los medios para crear una gran empresa, pero tampoco sé si eso va conmigo", cuenta al  teléfono desde su casa-atelier en el barrio de Recoleta, en Buenos Aires. "Talvez haría una línea más económica, que conserve mi carácter intimista. Me gusta esto de tocar el timbre y entrar en un lugar donde no sólo te llevas una prenda, sino que además te mimas un poco y estás como en un espacio de arte. El vestido tiene una carga que se manifiesta en un lugar más amplio que lo que se conoce como moda. Es un instrumento que da cuenta de una manera de encarar la vida".

Claramente, lo tuyo es el slow fashion…
Si tú lo dices, será (ríe). Bueno, sí, mi trabajo tiene más que ver con las sensaciones que con lo netamente comercial. Me gusta tomarme mi tiempo para crear, todo lo contrario de lo que tenía que hacer en el programa (ahora ríe a carcajadas).

¿Lo pasaste mal ahí? 
Fue una experiencia sensacional, con aspectos buenos y malos. Fue excelente que la gente que ya me conocía como modelo viera esta otra faceta mía. Por eso me inscribí: para publicitarme. Me gustó haber salido de mi espacio de comodidad, que me retaran mucho, que me obligaran a abrirme a nuevas maneras de hacer ropa. Lo malo, o lo no tan bueno, fue estar tanto tiempo aislada, lejos de tu espacio natural, y correr contra el tiempo. Estar ahí, con todos tus días al servicio de diseñar, es una experiencia única, donde nada es normal. No tienes que pagar cuentas, ni hacerte la comida, ni contestar mails. Hay que tener fuerza para salir airosa de eso. Fue tremendo, pero me hizo más fuerte.

Trabajaste mucho para llegar a la final, ¿no?
Fui desafío a desafío, sin pensar en que era un concurso. Pensé en tomarme así el programa para no generar muchas expectativas dentro de mí. La fantasía, la ilusión, todo esa da mucha ansiedad. Fue una manera inteligente, pienso yo, de preservar mi espíritu.

Se te vio llorar más de alguna vez…
Soy muy sensible; me afectan los momentos de hostilidad, y el programa, en parte, se trata de eso. Pero mis llantos eran para exteriorizar y drenar la tensión. Me parece mejor largar una lágrima que generar una discusión…

Sus palabras remiten inmediatamente a la biografía que tiene en su página web, de una intimidad poco común. Ahí cuenta los datos 'objetivos' de su vida: que nació en Córdoba, que fue a un colegio de monjas, que a los 16 años estaba modelando en Italia, pero volvió para terminar el colegio, que estudió un poco de publicidad, otro poco de biología marina y algo de arquitectura, que después se fue a Buenos Aires, se recibió como decoradora de interiores y entró a la famosa escuela de Mariano Toledo. Pero también abunda en comentarios que reflejan su interior. Dice, por ejemplo, que aprendió "a llorar a mares para que las tristezas no se hagan carne y se conviertan en veneno puro"; que cree en su instinto y en el fluir con las situaciones; que ha viajado mucho y con ello ha despertado su alma mística, su conciencia universal… Además, entrega detalles sabrosos. Confiesa, por ejemplo, que en el colegio no pertenecía a ningún grupo, pero era amiga de todas. Y que cuando fue modelo era una suerte de "bicho raro" que hacía "un poco lo que los demás querían", pero más lo que ella deseaba, lo que la volvió "un poco rebelde e histriónica". Y así, sumar y seguir…

¿Por qué muestras tanto de tu vida interior de manera pública?
Tomé la decisión de mostrarme al mundo como ser humano cuando empecé a trabajar como modelo. La gente cree que la modelo es tonta, hueca, o que sólo le interesa el consumo. ¿Voy a dejar que tengan ideas erradas sobre mí sólo porque mido un metro 80? Cada vez que puedo hago estas cartas en mi página web, donde digo que soy una persona que ha aprendido a potenciar lo bueno, a transmutar lo malo en aprendizaje.

¿Esta opción te ha jugado en contra alguna vez?
Hasta ahora, no. Porque así como soy de sensible, soy de fuerte. Sé muy bien que al exponerme me pueden herir y me preparo para eso. Trabajo con mucha pasión. Es como en el amor: uno entrega, y después tiene que ver qué hace con eso que entrega. Del mismo modo, yo escribo, y quien quiera leer, que lo lea. ¿Te estoy mareando? Es que cuando le doy a la lengua… (ríe otra vez).

No, para nada. Pero volvamos al diseño. Cuéntame, ¿dónde comienza tu proceso creativo?
Me inspiro en lo que cada clienta me proyecta. Luego, voy a las casas de antigüedades, algo que hoy está muy de moda, pero que yo hago desde hace muchos años. Esto de revolver cajones de anticuarios me lleva a un lugar muy de niña, a la escena de estar intruseando en el baúl de la abuela. Cuando vuelvo a casa, ya tengo una idea amasada en mi cabeza. Esto me permite crear prendas únicas, con materias primas como géneros antiguos, puntillas hechas a mano, nada de materiales seriados…

¿Cuánta inspiración y cuánta transpiración hay en tu propuesta?
50 y 50. Mi vida consiste en generarme momentos de inspiración; en tomarme vivencias para poder trabajar. Coso desde que era chica, y por eso dedicarme a la moda se dio de manera natural. Cuando tengo la idea, trabajo mucho. Mucho y con harto amor. Sí, señor.

¿Te ha ayudado en algo haber sido modelo de Versace, Nina Ricci, Kenzo, Krizia?
Al principio hacía prendas para mí, pero la gente comentaba tanto lo que llevaba puesto, que comencé a hacer ropa para el resto, y ahí me di cuenta de que todos estaban pendientes de lo que podía hacer. Es preferible ser alguien sin nombre, porque entonces los demás no esperan nada de ti, te permiten más ensayo y error. Es una tremenda presión externa, sobre todo cuando eres una diseñadora en crecimiento como yo. Yo he sentido esa presión y trato de que no me afecte tanto funcionando un poco fuera de los pasos tradicionales de la moda. No hago dos desfiles al año, no estoy en todos los eventos. Voy por otro carril. Y feliz.

Gracias por leer este artículo. Si quieres puedes dejar un comentario, estos son siempre leidos y bien apreciados.
También puedes compartir esta información utilizando los siguientes servicios:

#{message}

gravatar

por: #{author}

#{date}

Consorcio Periodístico de Chile S.A. Derechos reservados
Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento de Consorcio Periodístico de Chile S.A.
¿Necesita Información Comercial? ¿Desea Contactarse con el Área Editorial?