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MANUELA SÁENZ (Diciembre 1797 - Noviembre 1856).

Mítica patriota ecuatoriana, ha pasado a la historia como la heroína y compañera  de Simón Bolívar. Él mismo la llamó 'Libertadora del Libertador' cuando una noche de septiembre de 1828 lo salvó de un intento de asesinato en Bogotá. Notable personaje que genera odios y amores hasta el día de hoy.

Recién a mediados del siglo XX comenzaron a aparecer biografías que reivindicaron el papel de Manuela Sáenz en la historia de la independencia sudamericana. Y en julio de este año sus restos fueron trasladados, simbólicamente, al Panteón Nacional de los Héroes, en Venezuela, en un acto presidido por los mandatarios Rafael Correa y Hugo Chávez.

Criada y educada en un convento de monjas en Quito, se fugó a los 17 años, dicen que seducida por un militar. Su padre decidió casarla con James Thorne, un riquísimo médico inglés casi treinta años mayor que ella. Junto a él se codeó con la aristocracia limeña, al tiempo que se involucró en actividades políticas a favor de la independencia de Nueva Granada y Perú.

En 1822 conoció a Simón Bolívar. Ella tenía 24 años y él, 39. No se separaron hasta la muerte de él, 8 años después. Manuela dio por terminado su matrimonio con el inglés para acompañar a Bolívar en las campañas independentistas. Se encargaba de sus archivos, organizaba a las tropas y atendía a los soldados heridos. Combatió con tal destreza, que fue nombrada teniente de Húsares del Ejército Libertador, y fue ascendida a coronel.

Por su influencia política, se la consideraba una mujer peligrosa, siendo desterrada de Colombia y Ecuador. Se instaló entonces en el pueblo peruano de Paita, dedicándose los siguientes 25 años de su vida a la venta de tabaco y a la confección de dulces y bordados por encargo. Murió en 1856 en una epidemia de difteria que azotó a la región.

Manuela Sáenz fue una mujer hábil, intrépida y provocadora. Cuenta la leyenda que al morir Bolívar de tuberculosis, en 1830, ella, cual Cleopatra, se hizo morder por una víbora para morir envenenada. No le resultó. "Vivo lo adoré, muerto lo venero", decía. Neruda le escribió: "Manuelita, hoy eres memoria viva de la libertad. Hoy eres el espejo en el que otras mujeres se miran y agigantan".

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