"He llegado a convencerme de que la única razón de vivir está en la alegría con que se vive", proclamaba esta pedagoga, literata, periodista, dramaturga, políglota, feminista y diputada española. María Lejárraga o María de la O era una mujer tranquila, generosa, culta e inteligente, dedicada a la docencia en un barrio obrero de Madrid. Se casó en 1900 con Gregorio Martínez Sierra, un incipiente escritor siete años menor que ella, con quien compartía su afición por el teatro, los poemas y la literatura.
Los primeros años fueron felices, viajaron mucho y se divertían. Pero una vez de vuelta en España, Gregorio conoció a Catalina Bárcena, una bella actriz cubana que no tardaría en convertirse en su amante. María siempre lo supo, pero no se entrometía ni hacía escándalos. Prefería escribir y dar a conocer sus creaciones, aunque fuera anónimamente, en tiempos aún nada fáciles para la mujer. De hecho, su primera obra publicada de soltera, Cuentos Breves, había sido rechazada porque no era bien visto que una mujer escribiera. Su labor fue copiosa, publicó ensayos, novelas, obras de teatro y comedias, que situaron a Gregorio como uno de los grandes de la literatura española, sobre todo a partir del éxito de Canción de Cuna.
Esta situación perduró hasta 1922, año en que nació Katia, la hija de su marido con la actriz cubana. María, ya cansada de estas "fatigas amorosas" decide retirarse a la Costa Azul francesa, desde donde -cuesta creerlo- siguió escribiendo para Martínez Sierra. Él, inmutable, le pide cada vez más textos, a cambio de algún dinero que le mandaba muy de vez en cuando.
No extraña entonces que María se hiciera cada vez más feminista. Comienza a participar en distintas agrupaciones que promocionaban la educación de la mujer, llegando a fundar la Asociación Femenina de Educación Cívica, en 1931. Militó en el Partido Socialista Obrero, fue diputada por Granada en 1933, para luego ser destinada a Berna como agregada comercial para Suiza e Italia. Al terminar la Guerra Civil Española comienza un largo exilio en Francia, Nueva York y México, casi ciega, pobre y sola. Y el flamante Gregorio brillaba por su ausencia. Finalmente, ayudada por unos buenos amigos, especialmente por Juan Ramón Jiménez, se instala en Buenos Aires, donde vivirá los últimos veinte años de su vida dedicada a labores periodísticas y literarias.
A los 78 decide publicar sus memorias, Gregorio y Yo, las que causaron más de una polémica. Firmadas por María Lejárraga -¡al fin!-, devela lo que ya era un secreto a voces. Y no duda en dedicarlas a Martínez Sierra, "a la sombra que acaso habrá venido a inclinarse sobre mi hombro para leer lo que yo iba escribiendo". ¿Por qué lo hizo?... Ella misma nos da la respuesta: "Por ese orgullo de humildad que domina a toda mujer cuando quiere de veras a un hombre". Sorprendente.
Gregorio conoció a Catalina Bárcena, una bella actriz cubana que se convirtió en su amante. María siempre lo supo, pero no se entrometía ni hacía escándalos. Prefería escribir y dar a conocer sus creaciones, aunque fuera anónimamente.
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