Javiera Díaz de Valdés

Desde que terminó de grabar Mujeres de Lujo, amediados de marzo, sus días transcurren entre el mar de Zapallar y el amplio jardín de la casa que arrendó hace seis meses en Vitacura. En ese espacio, de árboles añosos y sombras generosas, Javiera Díaz de Valdés (28) ha volcado su cariño y su energía. No ha seguido un método estricto de paisajismo; tampoco ha adquirido plantas en serie para montar un jardín express. Sencillamente, se ha entregado al bello juego de hacer y deshacer. Bajo la mirada curiosa de sus gatas Juanita Vial (así se llama una ex polola de Pablo Mackenna, su marido) y Rubí (como su personaje en Mujeres de Lujo), rescata viejas especies escondidas en la maleza. Las reubica o las reúne con otras nuevas y observa cómo se ven juntas. Si algo no le parece las cambia otra vez. Ese lúdico ritual la fascina y la obsesiona, sobre todo si la acompaña Rosa, su querida hija de dos años. Por estos días se prepara para conocer más detalles del personaje que interpretará en la teleserie Primera Dama, de Canal 13. Ahí será una aspirante a actriz, insegura y errática en sus decisiones, dominada por su madre, una diva del teatro que la opaca y apoca constantemente. Como muchos actores, Javiera no tiene contratos de largo plazo con ningún canal y va tomando opciones según cómo se vayan presentando las cosas. “Es lo que se está dando. Casi no es una elección. Antes me gustaba más ese sistema, pero ahora que tengo una hija y que necesito un sueldo estable, preferiría hacer contratos por más tiempo”, admite. A continuación, la actriz reflexiona sobre su intensa experiencia como madre y sobre el mundo que quiere mostrarle a Rosita. También habla de su sueño de tener una granja fuera de Santiago y del viejo anhelo de volver alguna vez a Barcelona, el paraíso perdido de su niñez. 
“Me gusta estar a su lado, explicándole cada cosa. Me encanta que desarrolle el contacto con la naturaleza, a pesar de que no vivamos en el campo ni en la playa. Hemos ido mucho fuera de Santiago. Se baña en el mar. Me gusta que no le tenga miedo a la naturaleza. Si tuviera caballos, me gustaría que anduviera debajo de sus patas, que los animales siempre fueran cercanos a ella. Siento que eso hace a los niños más fuertes frente a la vida misma. La Rosa duerme con su gata Rubí (son yuntas), que llegó hace unos cinco meses, toda fea, como pidiendo quedarse”. “Creo que los niños encerrados en un departamento, que ven tele todo el día, se hacen más frágiles físicamente. Siento que de la naturaleza se aprende la vida, porque la naturaleza es la vida misma. No soy la mujer verde ni nada de eso, pero creo que se aprende mucho de los animales y de las plantas. Pienso que son lo máximo y que un niño, mientras más cerca esté de ellos, más fuerte y libre se hace”. “Mi sueño es armar una granjita fuera de Santiago, donde la Rosa y los demás hijos que tenga compartieran con caballos, con ovejas, gallinas y con un huerto.Megusta que la vida no sea tan monótona. Ahora, tener hijos, animales y plantas te estabiliza un poco, pero dentro de las posibilidades me gusta que la vida vaya variando, que un año sea distinto al anterior, que todos los días sean distintos, y eso de mi trabajo es superbueno”.

“El jardín de esta casa es un diamante en bruto. Tiene unos árboles antiguos y eso es demasiado valioso. Me he dedicado a poner más plantas, haciendo un poco de paisajismo, muy intuitivamente. Pongo algo y después cacho que le falta sol y lo vuelvo a cambiar, rescato otras plantas que estaban como estancadas. También voy preguntando. Recorro el jardín como 85 veces al día. Yo creo que en la próxima primavera se va a ver todo. Estoy muy acostumbrada en esta casa. Ya la hice mía”. “La Rosa cumplió dos años el 3 de marzo.Hemos estado mucho juntas. Ella es impactante. Uno siempre tiene una imagen de su hija de guagüita. Y ya es una niñita. Es divertido cómo los niños van mostrando la personalidad (con la que nacen, yo creo). Ella es bien especial, adorable y feliz. Lo que uno le proponga para ella es entretenido. Es muy entusiasta y lo más sociable que hay. Le encanta la gente, se da rápido y fácil. Es regalona con sus papás. Se va y vuelve feliz del jardín”.
“La Rosa me cacha todo. Me mira y sabe qué pasa. O me ve con pena y me abraza… y yo la aprieto fuerte (cierra los ojos). Es que hemos estado demasiado juntas, para arriba y para abajo. Tenemos millones de ritos. Cuando se va a acostar le gusta que le haga cariño, masajes en la espalda y en los pies. Es lo más patuda que hay”. “Ama a sus abuelos y a sus tíos y se queda harto con ellos. Compadezco a las familias en las que los abuelos no están capacitados o no existen ya, porque también son un descanso para una madre. He aprendido a no tener culpas, porque siento que me porto superbién como mamá. Entonces, de repente, si quiero salir una noche y al día siguiente quiero dormir hasta tarde, la dejo con mi mamá y punto. Se acabó. Después compenso de alguna manera”. “Mi mamá es mi mejor amiga (tenemos 21 años de diferencia) y mi compañera. Una mujer muy aperrada, aterrizada, lúcida, sana y a la vez relajada. Es como mi cable a tierra siempre. Con la Rosa se aman”. “La mamá de Pablo (Mackenna) es lo más amorosa que hay. Tiene ocho hijos y un montón de preocupaciones, pero tiene una muy buena relación con la Rosa”.

“Yo era muy regalona. Fui hija única hasta los 5 años. Vivía en España, sin abuelos ni primos, además allí la gente tiene pocos hijos, entonces era un mundo más adulto. Desde ese tiempo era buena para disfrazarme y maquillarme. Jugaba sola, hablaba sola… ponía ochocientas muñecas y les hacía clases. La Rosa, en cambio, nació con mucha más gente dando vueltas por la casa, con harta familia que la quiere mucho. Además, vive en una casa y tiene un gato. Es bien libre. Es gozadora”. “Nunca más volví a Barcelona. Tengo muchas ganas y creo que va a ser importante esa vuelta. Es mi infancia. Imagínate pasar por los lugares … por tu paraíso perdido, lo encuentro precioso”. “Cuando recién nació la Rosa fue como ¡guau!, de un día para otro tengo que ordenarme, estar consciente de que hay una persona que depende de mí todos los minutos de su vida, a la que le da seguridad que yo tenga un orden. Pero estoy en eso hace rato yme encanta y disfruto siendo mamá”. “Soy además mamá de dos gatas y de un jardín. De alguna manera, ya tengo varias responsabilidades. Una hija es una hija. Siempre hay gente que le tiene miedo a preocuparse de otras cosas que no sean ellos mismos. Yo me preocupo de cada planta, llevo a las dos gatas al veterinario, a la Rosa al pediatra y al jardín, me preocupo de qué material le pidieron, que la polera naranja, que la reunión de apoderados del próximo lunes… Todo lo hago con mucha felicidad”.
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