Leo recuerda cómo sufría con esta teleserie.

La Madrastra fue la primera teleserie en colores que se transmitió en Chile, en 1981, y era terriblemente lacrimógena. Marcia, su protagonista, quien había estado encarcelada en Estados Unidos durante veinte años por el supuesto homicidio de su amiga Patricia, no paraba de sufrir. Lloraba por todo: porque había estado presa siendo inocente, porque debía fingir ser la madrastra de sus propios hijos, y de rabia porque por más que indagaba e indagaba, no podía hallar al verdadero culpable del asesinato de su amiga.
Era tanto lo que se martirizaba, que a mí hasta me empezó a dar miedo crecer. Convertirme en adulta y tener que pasar por todas las penurias que ella pasaba. Por aquel entonces tenía sólo siete años y veía todas las tardes la teleserie con mi mamá, quien simplemente se ponía frenética; no sólo se lo lloraba todo, además vivía tirándole cojines a la pantalla de la pura rabia que le causaban todas las injusticias que le hacían a Marcia. Era increíble. El país completo se paralizaba ante el devenir de aquella teleserie. Mi prima también la veía y con ella siempre jugábamos a representarla. Lo hacíamos en mi casita de muñecas, que era entera rosada con ventanitas de corazón. Yo solía ser Estrella. Estrella, que era pérfida, se pintaba los ojos con un celeste ultrabrillante y daba cachetadas con ruido y todo. Eso era lo que más me gustaba de ella, sus cachetadas y decirle a todo el mundo “muerto de hambre”. El rol de Marcia lo hacía mi prima, que gozaba actuando de desdichada, llorando por los rincones y ocupando gotitas para los ojos para que resultara más creíble. Parecía una verdadera catarata. Pero lejos el día más espectacular de nuestras vidas fue cuando finalmente dieron el último capítulo. Ese día supimos que había sido Estrella la asesina de Patricia. A partir de ahí el juego se me tornó muchísimo más complicado. Mi prima, recuerdo, como que se ensañó con mi personaje. Lo bastante como para empezar a encerrarme por largo rato en mi casita de muñecas y alimentarme sólo con Superochos y vasos de jugo Yupi. Decía que ese era mi merecido por haber sido por tanto tiempo su antagonista. Yo no podía hacer nada por evitarlo, pero realmente estaba colmando mi paciencia. Sobre todo porque me decía cosas como “víbora asesina” o “púdrete en tu calabozo”. Eso hasta que decidí darle un vuelco total al juego: poner a mi prima como Estrella y a mí como Marcia.
Comenzamos a jugar y al segundo me di cuenta de que mi prima no daba la talla. Era incapaz de hacer de mala. Se reía cuando debía insultarme, no sabía achinar los ojos (como poniendo cara de intriga) y, peor aun, le daba ‘cosa’ pegar cachetadas. Era un verdadero desastre. Lo suficiente como para hacerme olvidar mi plan y volver a mi personaje original. Eso sí, antes de que fuera declarada culpable y encarcelada en vez de Marcia, para poder realizar todas las fechorías que quisiera y quedar siempre libre como un pájaro.
Gracias por leer este artículo. Si quieres puedes dejar un comentario, estos son siempre leidos y bien apreciados.
También puedes compartir esta información utilizando los siguientes servicios:
#{message}
por: #{author}
#{date}
Consorcio Periodístico de Chile S.A. Derechos reservados
Se prohíbe expresamente la reproducción o copia de los contenidos de este sitio sin el expreso consentimiento de Consorcio Periodístico de Chile S.A.
¿Necesita Información Comercial? ¿Desea Contactarse con el Área Editorial?