Tengo un amigo que asegura que puede oler a las mujeres solteras. Dice que su nuevo pasatiempo es pasear por los centros comerciales –el lugar de la ciudad donde, según él, hay más mujeres– y observar. Dice mi amigo que las solteras siempre van impecables. Sus uñas están pintadas, su pelo perfecto y su ropa, por supuesto, a la moda, sin importar qué edad tengan. ¿Y las casadas? “Bueno, las casadas no, como resulta obvio. Usan un moño desordenado, hawaianas y es más probable que estén un poco gordas”, agrega mi amigo con una sonrisa burlona mientras mira mis pies desarreglados descansar sobre confortables chalas de goma calipso. “Y también se ven más despreocupadas. Las que tienen pareja parecen más relajadas que las solteras”, remata mi amigo con frase para el bronce.
¿Se imaginará él que las casadas tienen más sexo que el resto? ¿O lo dirá porque supone que el objetivo último de toda mujer es encontrar un hombre? Tal vez ambas cosas.
Dos días después me entero de la existencia de Lori Gottlieb, una escritora que se hizo famosa al publicar su diario de adolescente anoréxica y que hace poco lanzó un libro llamado Marry Him, the Case for Settling for Mr. Good Enough, que básicamente plantea lo siguiente: Si usted ya cumplió 30 y sigue soltera, más vale que deje de buscar a su príncipe azul y se decida por algún señor que tenga cerca. Alguien más o menos bueno. Suficientemente bueno. No vaya a ser que usted se quede sola ‘por regodeona’, como cuenta la leyenda que le pasó a una tía mía, que en paz descanse. ¿Amor, pasión, química? ¿Qué es eso? Lo importante, dice Lori, es “establecerse” y alcanzar el objetivo de toda mujer: estar en pareja y formar una familia.
Si el discurso le parece arcaico y hasta ofensivo, usted no está sola. Las feministas, que leen las columnas de Lori en Salon.com, piensan colgarla en la plaza pública. Hace rato que las mujeres se liberaron del estigma aquel del matrimonio como salvación. Pero, me pregunto yo, ¿no tendrá algo de cierto lo del ‘objetivo de toda mujer’? No digo que haya que casarse con el vecino aunque sea feo y maloliente, pero, honestamente, no conozco a nadie que no espere ser feliz en pareja. Nadie. Y con esto llego al punto que me convoca (más vale tarde que nunca): ¿Cómo es que aún no se dice ni se publica nada acerca de la evidente, comprensible y –estoy segura– real urgencia que tienen los hombres de esa edad por ‘establecerse’? También existen quienes llevan ‘el anillo en el bolsillo’ y nadie escribe libros ni se burla de esos tipos desesperados. ¿O creen que mi amigo se pasea por el mall mirando y catalogando chicas por puro afán sociológico?
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