Es uno de los entrevistadores políticos más jóvenes del país. Y aunque a veces le tocan huesos duros de roer, no se amilana porque está absolutamente preparado para lanzar dardos peores que los que recibe.


Humberto Sichel va a mil por la vida. Todo lo ha hecho demasiado rápido. En primer año de periodismo estaba trabajando en la radio y ahora con tan sólo 28 años ya tiene un programa a su medida: Xpress, en Vía X, donde entrevista a los más diversos políticos, quienes lo doblan o triplican en edad. Pero él no se amilana, por muy ‘dinosaurios’ que sean. “No me dan nada de miedo. Tengo mi propio ritmo y los obligo a ponerse a tono. Las entrevistas tienen que ser ágiles, o si no mis entrevistados se pondrían a hablar y no los pararía nadie... Yo soy superacelerado, incluso algunos de ellos me han dicho que parezco ametralladora”.
–Sí, ah, ¿y crees que te respetan o que te ven como un chicoco agrandado nomás? –le pregunto, y me responde que, al menos en su cara, nunca lo han agarrado pa’l leseo y que el día en que lo hagan que se preparen porque les tirará una peor. “Estoy listo para defenderme. No podría aguantarles que se me subieran por el chorro”, dice con una envidiable seguridad.
Al parecer Sichel tiene sus metas superclaras. Sabe perfectamente lo que quiere y lo que no. Por ejemplo, ni por todo el oro del mundo animaría Yingo. “Aunque me ofrecieran cientos de miles de dólares, igual no lo haría. Tampoco S.Q.P., ya que eso es justo lo que no quiero en mi carrera, yo soy más serio”, dice frunciendo el ceño y agarrando un inigualable aspecto de‘viejo chico’.
–¿Siempre eres tan grave? –lo interrogo, y me contesta que no del todo, pero que no estaría en su personalidad dárselas de payasito o de florerito de mesa. “Soy más bien quitado de bulla”, confiesa y comenta que otra de sus grandes aficiones en la vida es correr. Trota en un grupo llamado Full Runners, con el que ha participado en más de alguna maratón fuera de Chile. “Fui a Berlín y a Buenos Aires con ellos. Me encanta. Trato de participar lo más posible, pero jamás llego al fanatismo de algunos que se transforman en verdaderos Robocop y se ponen a entrenar doble turno luchando contra sí mismos”, aclara.
Y luego comienza a tirarse los pelos. Extrañamente esa es su peor manía: agarrarse sus cortísimos cachirulos y cortárselos de raíz. Ni siquiera él sabe por qué lo hace, pero le es imposible terminar con la curiosa costumbre. “Talvez algún día termine quedando pelado, pero por lo pronto no puedo evitarlo”, dice, yme cuenta que otra cosa que no puede abandonar es su egocentrismo. “Mis familiares saben que soy egocéntrico, pero es muy difícil que cambie. Siempreme están diciendo que pienso primero en mí, segundo en mí y tercero en mí, pero no tengo nada que hacer, soy así y punto”, asegura con tal ironía que me queda absolutamente claro que no está en su ADN dejar de lado esa característica.
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