Noche Romántica

Esta noche te haré ver estrellas. Así le dije a mi señora, la Jesu, antes de partir hace un par de sábados a probar la noche romántica que ofrece para el día de los enamorados el Grand Hyatt Santiago. Y claro, vio estrellas: las cinco que tiene el hotel, bien merecidas, más unas cuantas que alcanzamos a divisar desde el ventanal de nuestra habitación Grand Deluxe del piso 18.
Todo el grato asunto partió cuando desde esta revista me pidieron testear in situ la Noche Romántica que con mucho éxito ofrece el Hyatt desde hace años para todos los palomos que quieren celebrar el 14 de febrero con una atención de lujo y las comodidades y servicios que sólo un hotel como éste puede ofrecer a sus pasajeros. Y como soy un colaborador obediente acepté trabajar ese fin de semana y someterme rigurosamente a cada uno de los placeres que ofrece el paquete para los enamorados. Y obvio que involucré a mi señora, claro, para que me sirviera de testigo, soporte y compañía en tan sacrificado reporteo. Como me quiere mucho y es previsora tenía el bolso listo desde que le insinué la posibilidad de ir al Hyatt una noche, así que al final deduje que la idea le parecía bien pese a que yo, insisto, iba a trabajar.
Y bueno. La pega comenzó el sábado 23 de enero a las 16 hrs. en punto, minuto exacto en el que nos dejamos caer en el check in del piso 18, el Salón Ejecutivo, donde nuestro contacto en el Hyatt nos esperaba. Ahí nos explicaron en qué consistía el asunto y, como se imaginarán, conforme enumeraban los servicios y beneficios nuestras sonrisas se incrementaban exponencialmente hasta casi no poder pestañar. Lo primero, lógico, fue armar el sacrificado itinerario.
Se incluyeran o no, ambos veníamos intencionalmente tensos para los ricos masajes. Jesu pidió el suyo de aromaterapia en el AKO Wellness & Spa para las 17 horas y yo el sueco para las 19 horas. Mientras, nos pasaron las tarjetas de la habitación 1816 que, además de contar con una cómoda cama de dos plazas con ocho cojines, un sillón, un rico sofá de tres cuerpos, una mesa de centro y un escritorio, su buena TV y climatización independiente para mantener fresca la habitación mientras en Santiago caían los patos asados, ofrecía una vista panorámica de la majestuosa cordillera de los Andes, desde los edificios del Barrio El Golf hasta el Parque Araucano. Nada mal ¿Cierto?
Por sólo 35 mil la hora o apenas 20 mil la media hora Verónica, quien lleva 18 años como terapeuta y casi año y medio en el AKO, es una de las encargadas de los masajes. Ella fue la responsable de dejar a la Jesu relajada y con olor a chocolate/ vainilla –me encanta el chocolate– después de hacerle una sesión de aromaterapia y reflexología. No sólo me entregó a mi señora con una fragancia a cacao irresistible, sino que además la aromaterapia la dejó, literalmente, con una sonrisa a flor de piel y con toques de lavanda.
Yo, mientras, buceaba en la piscina del hotel rodeado por un centenar de extranjeros que disfrutaban del día soleado y las comodidades de la infraestructura pensada para una sola cosa: estar confortable.
Cansado de tanto chapotear y agobiado por el estrés de los sucesivos braceos de allá para acá fui a cambiarme de ropa para bajar al AKO y dejarme atender por Verónica, no sin antes meterme 15 minutos al sauna para sacarme por los poros tanta tensión acumulada en una hora de exquisita piscina.
Como anécdota les cuento que no andaba nadie en los camarines cuando yo llegué al sauna, pero al salir me encontré con una sola persona: el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, René Cortázar, quien venía de ejercitarse en el spa. ¿Por qué les cuento esto? Bueno, porque mientras Verónica me hacía un masaje sueco –de esos que te presionan ciertos puntos, que incluyen fricción profunda y rodillos– le pregunté si de 1 a 10 podía decirme cuán contracturado estaba yo. El resultado fue 6. O sea, no estaba ni tan relajado como esas vacas japonesas de la localidad de Matsusaka –que son masajeadas, toman cerveza y escuchan a Mozart– ni probablemente tan tenso como el ministro Cortázar, hoy responsable del Transantiago. Pobre.

Terminando el masaje sueco –que me dejó listo para participar del Ironman de Pucón, como espectador– Verónica me hizo reflexología (esa sí que fue una experiencia nueva para mí) donde se supone, según me comentó, se concentran todas las terminales nerviosas del cuerpo que están ligados con los órganos. Luego ese mismo par de patitas fueron sumergidas en una tinaja de madera con agua fría y sales relajantes. Juro que se compensó con creces cada luquita invertida en masaje.Después de tanto masaje, relajo y terapia para poner fin a la “contracción involuntaria, duradera o permanente de uno o más grupos musculares” de mi maltratado cuerpo, ya con ese estado físico envidiable y el ánimo por las nubes, me acordé que pese a los masajes y aceites, a la música relajante y la luz tenue, soy hombre. Así que me di el gusto de volver a las canchas un rato, aprovechar la condición fisiológica recién renovada e irme a uno de los salones con el notebook y ver vía internet un rato el partido San Felipe vs. Colo-Colo cómodamente sentado, sin riesgo de calambres y desgarros como los pobres futbolistas, Coca Cola en mano y esperando la hora de la rica cena que se venía.
Siendo de origen italiano como lo soy, celíaco como lo confesé en un reportaje anterior y conocedor de las bondades del arroz como el que más sabe, yo ya iba predispuesto a degustar un rico risotto en el Senso, notable ristorante italiano del Hyatt y responsable de la exquisita cena a la luz de las velas que habrá para el día 13 de febrero, víspera del Día de los Enamorados.Insisto en que estaba trabajando, así que para formarme un juicio más certero de las bondades del Senso fui más allá del menú permitido yme arriesgué con platos que no estaban incluidos. Sí.Todo lo hice por ustedes, lectoras. Después me lo pueden agradecer.
Así las cosas y por la sola vocación y el reporteo tuve que pedir entrada para tener una opinión más exacta, precisa y testimonial de lo que este gran ristorante puede ofrecer a los pasajeros del hotel. Variedad de exquisiteces había mucha, y de sobra. Pero después de negociarlo un rato con mi señora, que quería probar el antipasto italiano de verduras, bruschetta caprese, queso parmesano y de cabra, prosciutto y salame, finalmente optamos por una entrada alternativa –y sí, de todo mi agrado–, como lo fue la extraordinaria provoleta y chorizo de campo grillado con ensalada de rúcula y deliciosa salsa de cebollas.
Casi le pido un autógrafo a Juan Carlos Salgar, subchef ejecutivo del hotel, quien nos dio la bienvenida al Senso y prometió una cena tan buena como la que disfrutamos nosotros y disfrutarán ustedes si van al Hyatt. Cena que, por cierto, en nuestro caso consistió en unos penne con cuadrados de pechuga de pollo salteada, tomate concasse, queso mozzarella y albahaca para la Jesu y un risotto con osobuco braseado y champiñones para mí, de esos que le hacen a uno subir la pera, cerrar los ojos y dar gracias por tener papilas gustativas y la confianza de mis editoras.Y como me gustan los finales felices, tanta exquisitez italiana no podía terminar sin sendos postres de ensueño: para Jesu un Affogato de chocolate y café, helado de praliné y salsa de chocolate –con el mismo olor que habían dejado a la Jesu en los masajes– y para mí helados artesanales de la casa. Chocolate amargo, pistacho y amaretto.Hoy es 7 de febrero y aún recuerdo esa cena y ese postre con nostalgia.
Y una buena velada romántica no podía terminar sin un bajativo en el Duke’s, lugar donde fui a buscar a una pareja de entrañables amigos: él polaco, ella canadiense. Con la Jesu nos sentamos en un cómodo sofá de cuero y mientras escuchábamos a la banda del maestro Pancho Aranda me relajé con la pareja de invitados a mi mesa: mi amigo vodka Wyborowa y su compañera canadiense Ginger Ale.
Ya avanzada la noche en la habitación 1816 nos esperaba, fría, una rica botella de champaña. Dos copas y…luces fuera.
Noche y cena en San Valentín
Incluye: Una noche en habitación Grand Deluxe para dos personas. Amenidad de botella de vino espumoso. Desayuno servido restaurante Senso.Romántica cena a la luz de las velas el día 13 de febrero en terraza de Atrium. Late check out de acuerdo a disponibilidad.
Valor: 120.000 + IVA Reservas 950 3135 o santirsv@hyatt.com Promoción válida con check in 13 de febrero y check out 14 de febrero. No es reembolsable en dinero, ni acumulable. Cupos limitados. Además, los suscriptores del diario La Tercera que tomen la promoción y presenten su tarjeta tienen un happy hour gratis en Bar Duke’s ese día.
Vacaciones 3 x 2
Durante febrero Hyatt ofrece esta promoción que incluye tres noches en el hotel pagando sólo dos.
Incluye:
3 noches en habitación Grand Deluxe para dos personas.Desayuno servido en restaurante Senso.Crédito de $50.000 en alimento y bebidas para ser usado en cualquiera de los tres restaurantes o servicio a la habitación. 20% de descuento en servicio de masajes en Ako Wellness & Spa. Actividades al aire libre (yoga, pilates y aeróbica).
Valor:
$ 249.000 + IVA Reservas 950 3135 o santirsv@hyatt.com Promoción válida del 1 al 28 de febrero. Suscriptores de La Tercera tienen además un happy hour gratis en Bar Duke’s ese día.
En restaurantes
Disfrute de un menú afrodisíaco a la luz de velas en Matsuri, Anakena y Senso. Domingo 14 de febrero. Valor: $ 22.500 por persona. Desde: 19.30 hrs. Reservas Senso F: 950 3145 Anakena F: 950 3179 Matsuri F: 950 3051
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