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Mujer

La blusa blanca

Eterna y Versátil

Hay que tener al menos dos: una clásica, atemporal, casi masculina, y otra con vuelos, alforzas y curvas de mujer. Para las más trendy, la opción perfecta es la blusa gaucha, preferida por los diseñadores latinoamericanos con más proyección internacional.

Hay blusas blancas que se han instalado en la memoria colectiva y difícilmente saldrán de ahí. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, a la actriz Katherine Hepburn con la suya asomándose bajo la pulcra chaqueta de un traje pantalón? ¿O a la otra Hepburn, Audrey, caminando muy relajada con una camisa de hombre anudada en el talle, acompañada por unos cómodos pantalones capri y unas lindas balerinas? ¿Y a Brigitte Bardot, que convirtió la blusa amarrada bajo el pecho en un verdadero símbolo de lo sexy?

En el cine más reciente también abundan los ejemplos de blusas blancas dignas de antología. Ahí está Uma Thurman, ultrasexy con un modelo de Agnes b., en la cinta Pulp Fiction, de Quentin Tarantino (1994), lista para salir a bailar con un Travolta insufriblemente gordo. O Kristin Scott Thomas, elegantísima en El Paciente Inglés (Anthony Minghella, 1996). Y Diane Keaton, muy masculina en Annie Hall, de Woody Allen (1977).

Estas actrices –y sus vestuaristas– capitalizaron el efecto que una aparentemente simple prenda provoca en la retina y el inconsciente de los demás. Quien lleva blanco es, sin duda, una persona exigente: no quiere ropa que oculte manchas, malas terminaciones, cortes mal hechos, hilos desubicados. Es el color de la limpieza, de lo impoluto e inmaculado, y eso nadie lo discute. Pero, al mismo tiempo, es amable, y en esa rara mezcla de rigor y afabilidad radica su principal encanto.

Según la teoría del color, al contrario del negro, que es el no color, dentro del blanco conviven en armonía todos los demás colores. Por eso, se le asocia con conceptos como paz, sosiego, calma. Una prenda blanca ilumina a su dueño y lo rodea con una imagen positiva, fresca, franca y noble.

Como era de esperar, Anna Wintour (editora de Vogue U.S.A. y, para muchos, reina internacional de la moda) fue la encargada de recordar almundo que este color y su prenda emblemática, la camisa, tiene tanto poder. No lo hizo con discursos, entrevistas o frases para el bronce, sino a su manera. La malhumorada diva eligió esta prenda para vestir a las modelos que fueron portada en el aniversario número 100 de la publicación del grupo Condé Nast.

Era el año 1992 y las 10 maniquís escogidas –entre ellas Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Cindy Crawford, Linda Evangelista y Christy Turlington– no llevaron grandes trajes de gala, como en una glamorosa producción al estilo de la revista Vanity Fair, sino blusas blancas de la popular marca Gap, anudadas bajo el pecho, y jeans. Además, en lugar de posar sobre un predecible sillón vintage o de diseño, se fotografiaron encaramadas sobre una escalera de pintor, brocha enmano. Eran la imagen misma del clásico sueño erótico americano.

La acertada decisión de la Wintour ayudó a que, durante los años 90, poseer una blusa blanca de diseño fuera la aspiración de las mujeres más estilosas. Llevaban la batuta en estas lides Gianfranco Ferré, quien alcanzó fama con sus diseños arquitectónicos en organza y tafetán; los japoneses Yohji Yamamoto y Rei Kawakubo, y los norteamericanos Helmut Lang, Jil Sander e Isaac Mizrahi.

Entrevistado por Harper´s Bazaar, Mizrahi dijo: “Una mujer con blusa blanca es una persona comprometida e inspirada. El vestuario es la última de sus preocupaciones. Indudablemente, pienso en Katherine Hepburn y en Jackie O. Pero, por supuesto, no en Marilyn Monroe”.

¿Blusa o camisa?

Según escribe Susannah Frankel, editora de moda de la versión inglesa de The Independent, la blusa blanca “nunca se ve más potente que su dueño. Es, antes que ninguna otra cosa, una tela sobre la que las personas pueden proyectar su propia personalidad”, apunta. “Por eso, el modo en que se usa esta prenda es tanto o más importante que su origen. Hay una distancia enorme entre una mujer que entra a una fiesta con una blusa de Stella McCartney y otra que llega en una clásica blusa Hermès”.

Pero, ¿qué es, a fin de cuentas, una blusa blanca? ¿La camisa del marido, puesta encima de nuestros pantalones favoritos? ¿Un minivestido camisero con tablas delanteras? ¿Una túnica bordada?

En general, se usa el término “camisa” para referirse a dos modelos básicos, que se mantienen más o menos inmutables a lo largo del tiempo. Uno es el de oficina, muy correcto y simple. A medida que pasan los años, su diseño sólo enfrenta cambios sutiles en los tamaños y formas del puño y cuello; a lo más se esconden los botones. Se moderniza combinándola con los accesorios adecuados; para eso están los gilets y las cascadas de collares de plata o piedras coloridas. El otro es la camisa de hombre, no tipo masculino sino hecha para ellos, que –por supuesto– también podemos usar nosotras. A los hombres esto les resulta muy sexy, porque les recuerda la imagen de una mujer que sale de su cama y se pone lo primero que encuentra. Esta camisa se puede ver muy compuesta, armadita, pero se sabe que esconde algo de desorden, una cuota de malicia. Casi como usar un vestido sin ropa interior debajo.

Las otras opciones, que se van adaptando a las grandes tendencias de la moda, son las blusas propiamente tales. Y ellas merecen un capítulo aparte.

Estilo latinoamericano

La moda está llena de vaivenes, y la blusa blanca no puede estar ajena a este fenómeno. La variedad es tanta que una sola mujer puede tener una docena y verse diferente cada día. Incluso se dice que Greta Garbo llegó a tenermás de 600. ¡Qué ganas de haber visto su clóset!

Por estos días, la blusa blanca que más se ve en las tiendas es larga, tanto que puede usarse como vestido y tiene alforzas que la ajustan al cuerpo en el pecho, la cintura y/o la espalda. Su versión más folk tiene aplicaciones de broderie; la más joven, tablas sucesivas, que le dan una silueta de campana. En todas estas opciones, camufla cuerpos con forma de pera, especialmente si se lleva con jeans ajustados o leggins. También hay bastantes blusas sutilmente masculinas, pero con forma de mujer.

En las pasarelas, en cambio, está comenzando el reinado de un nuevo modelo, que se inspira en la cultura gaucha. Tras un par de temporadas asomándose con timidez, la blusa de tela almidonada, firme y casi tosca al tacto, con vuelos grandes y mangas importantes, está sin duda alcanzando un sitial de honor.

Esta tendencia nació en Latinoamérica y ha comenzado a expandirse por el viejo mundo. Uno de los primeros en trabajar con este concepto más cercano a lo femenino que a lo sexy fue el argentino Paulo Ramírez, quien suele inspirarse en el pasado de su país. Hoy, el dúo mexicano de hermanas Julia & Renata –que presenta lo suyo habitualmente en las semanas de lamoda de Madrid y Milán– está cosechando aplausos al crear blusones revestidos con vuelos de grandes dimensiones, en telas rígidas. Nada apto para mujeres que quieran pasar inadvertidas. Estamos ante una elegante actualización del folclor latino. Latino del sur, claro.

Sea cual fuere elmodelo escogido, Cinzia Felicetti, ex editora de la versión italiana de Cosmopolitan y autora de varios libros sobre moda precisa exactamente qué es lo que se debe llevar por debajo de esta elegante prenda. “No, no y mil veces no. Prohibido llevar un sostén blanco bajo estas prenda, a menos que se quieramostrar, en un efecto de transparencia. Para ser más discreta, lomejor es optar por ropa interior de color piel. Y cuidarse de que la blusa no se abra a la altura del tercer botón. Si eso sucede, es porque es demasiado estrecha”.

Tips para comprar

En su libro absolutamente Glam! (Vergara Editores, 2007), Cinzia Felicetti,ex editora de la versión italiana de Cosmopolitan, entrega los siguientes consejos:

Corte masculino: se ve mejor en cuerpos de líneas rectas, no muy voluptuosos.

Corte oriental: es la opción perfecta para mujeres rellenitas y con mucho busto.

Corte imperio: la costura horizontal bajo el pecho produce un efecto visual que agranda el busto.

Las mangas: si se van estrechando hacia el puño, hacen que los brazos se vean más delgados; si se ensanchan,los engruesan.

 

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