Sonia comenta lo perjudicadas que podemos salir las mujeres por culpa de las tonteras del ego masculino.
El caso del cineasta Roman Polanski me hizo meditar hasta qué punto un hombre puede arruinar la vida de una mujer.
Que nadie piense que me puse moralista, cartucha o latera de un día para otro. Por el contrario, creo que corresponde sólo a los tribunales juzgar al director de El Bebé de Rosemary por las ¿tropelías? que cometió con una menor de 13 años, hace ya tres décadas.
Por estos días, Polanski (preso desde septiembre en Suiza) espera el resultado de una apelación para evitar que lo extraditen a Estados Unidos. De ese país escapó acusado de abusar de la aspirante a actriz Samantha Geimer, cuando la fotografiaba para Vogue en la casa de su amigo el actor Jack Nicholson.
Pues bien, mientras el tribunal decide, hemos sido testigos de un espectáculo deplorable, de una película de lo último.
Partiendo por el propio Polanski, a quien no se le ocurrió nada mejor que repetir que, cuando acorraló a la menor, en realidad pensaba que ella tenía 14 años y no 13. ¡Tremenda diferencia para un hombre que entonces ya era cuarentón!¡Le faltó decir que Geimer ya no arrastraba la bolsa del pan!
Para empeorar las cosas, salió en su defensa Woody Allen. Otro gran artista, nada que decir, pero que tuvo el poco tino de casarse con su hija adoptiva a quien triplica en edad. ¡No me ayude tanto, compadre!
¿Y quién paga las consecuencias de tanta tontería, de tanto ego masculino desatado? Una mujer, por supuesto.
Hace rato que Samantha perdonó a Polanski y ha pedido en todos los tonos posibles que se olviden de su historia. Ya sufrió bastante: tuvo una adolescencia complicada y debió partir a Hawaii a rehacer su vida. Y justo cuando casi lo había logrado, aparece este magistrado con complejo de héroe que activa el caso. Y qué decir de los amiguis de Polanski filtrando información insólita y humillante como, por ejemplo, que la actual mujer del cineasta (la actriz Emmanuelle Seigner) tiene hoy la misma edad de la víctima. ¡Así es que por qué tanto escándalo!, gritan.
Para rematarla, entran en escena los paparazzi que persiguen y fotografían a Samantha, bastante deteriorada hoy a sus 44 años y con pinta de ser la tía solterona de Polanski. Al final, la impresión que queda es que es ella quien debería dar explicaciones al mundo por lo que pasó esa vez en la casa de Nicholson, otro “terror de las madres” (viejo verde), por lo demás.
No hay caso. La capacidad de algunos hombres para arruinar la vida de una mujer puede ser tan grande como su talento para filmar películas.
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